Tristeza en Navidad: guía de supervivencia emocional para estas fiestas

Otro año más está aquí Diciembre, y con él llega la esperadísima Navidad… ¿o no tanto?

Existen datos que indican que cerca de una 44% de la población sufre lo que algunos conocen cómo “depresión blanca” o “blues de la Navidad” que no es ni más ni menos que la tristeza en Navidad que muchas personas sienten a lo largo de estas fechas y que puede asimilarse a los síntomas depresivos comunes.

Si estamos hablando de que cerca de la mitad de la población siente tristeza en Navidad, ¿qué es lo que le pasa a la época de la felicidad por antonomasia? ¿Nos estamos convirtiendo en una legión de señores Scrooge del Cuento de Navidad de Dickens?

Como suele suceder con las cosas en las que intervienen las emociones, la respuesta no es simple, todos tenemos una mochila vital a nuestras espaldas que nos hace entender y vivir la realidad de una manera personal.

La forma en que se vive la Navidad es una experiencia personal

A modo de ejemplo, te puedo contar que en mi caso podría decir quea lo largo de mi vida he tenido una extraña relación amor-odio con estos días: en algunas épocas de mi vida la he disfrutado, en otras he sentido gran tristeza en Navidad y otras veces pasarla me ha resultado indiferente. Todo ello en función de mis circunstancias personales y sociales.

Eso sí, te tengo que confesar que como Persona Altamente Sensible que soy, la parte correspondiente a las reuniones multitudinarias o las aglomeraciones me resultan bastante incómodas independientemente de la percepción que tenga en esos momentos de la Navidad. Esos son los momentos de respirar profundamente y tomárselo con mucha calma.  Si quieres aprender más acerca de la sobreestimulación derivada de estas situaciones, te aconsejo leer el siguiente artículo de David Alcaraz.

Bueno, vamos allá con el tema en cuestión:

¿Cuáles son las casusas de la tristeza en Navidad?

La tristeza en Navidad a menudo no se debe a una única causa. Suele estar provocada por la combinación de varias circunstancias en distinta proporción según la persona, pero por regla general solemos encontrar las siguientes:

– Circunstancias socio-económicas: durante estos días la publicidad navideña está allá donde miremos, vemos comercios abarrotados y gente con bolsas de tiendas por la calle. De modo inconsciente, esto puede generar en nosotros un sentimiento de malestar si no podemos llevar el ritmo de compras “adecuado para ser feliz” (que será diferente para cada uno de nosotros). Dicen que el dinero no da la felicidad, pero en estas fechas a veces parece que podríamos comprarla si tuviéramos más para gastar.

Ver escenas como esta por todos lados y no poder unirnos puede hacernos sentir infelices

– “Obligatoriedad” de ser felices: podemos sentirnos culpables si el “espíritu navideño” no nos inunda y nos hace estar repartiendo amor y sonrisas todo el día cual oso amoroso. Lo suyo es que el sentimiento de bienestar subjetivo nazca de nosotros, no que tengamos que ser felices por obligación.

– Reuniones y compromisos incómodos: es probable encontrarte en el compromiso de cenar en familia junto a alguien que si no has visto en todo el año, es porque ambos sabéis que es lo mejor para no entrar en conflicto. También puede pasar que tu empresa o cualquier entidad a la que pertenezcas organice una comida y te toque compartir mesa con el compañero que no aguantas o la jefa que te trata mal. Esto genera tensión no sólo durante el evento, sino desde mucho tiempo antes de producirse. Lo que en psicología se conoce como “ansiedad anticipatoria” se pone a trabajar pudiendo provocar un malestar nada despreciable que lleva aparejada la consabida tristeza en Navidad entre otros síntomas.

– Cambios en los hábitos alimenticios: nuestro cuerpo suele estar habituado al tipo de alimentación que llevamos a lo largo del año, y más allá de los síntomas físicos de los excesos de comida y bebida, estos cambios también pueden tener efectos psicológicos: baja energía, sentimientos de culpabilidad, desazón…

– Añoranza de los tiempos pasados: la Navidad tiene la capacidad de poner en marcha recuerdos más o menos vívidos de nuestro pasado. El recuerdo de unas navidades felices de pequeño paradójicamente pueden tener efectos negativos en nuestro ánimo ya que podemos sentir que algo así no volverá y que todo lo que nos queda por vivir será peor que nuestros recuerdos.

– El Trastorno Afectivo Estacional: ya dediqué un artículo completo a este tema, pero a grandes rasgos te diré que la reducción de luz natural que se da en los meses de otoño e invierno puede afectar negativamente a nuestro estado de ánimo. Si a esto le unimos la carga emotiva de estos días podemos tener una combinación muy potente de síntomas depresivos con un nivel de tristeza en Navidad bastante alto.

Unas condiciones climáticas poco propicias pueden hacer que te vengas abajo más fácilmente

– Los mensajes que recibimos: niños jugando con sus padres, hermanos y abuelos en un ambiente idílico, familiares que echas de menos y vuelven por sorpresa a casa por navidad, parejas que se demuestran su amor más puro… en el fondo nos gustaría que esas cosas también nos pasarán a nosotros y en caso de no ser así, podemos sufrir un desencanto y un nivel de frustración bastante intensos.

– Sobrecarga laboral e imposibilidad de estar con quien queremos: si la Navidad está pensada para descansar y compartir momento con nuestros seres queridos, ¿por qué la chica que te atiende con una sonrisa en unos grandes almacenes tiene que hacer jornadas maratonianas o el amable camarero dobla su turno un día sí y otro también? Si tienen interiorizada la creencia de que estas fechas son para pasar con nuestra familia, su sufrimiento será doble: por un lado sentirán estar perdiendo la oportunidad de compartir unos momentos preciosos (e idealizados) con quienes quieren y por otro el estrés propio de la sobrecarga laboral.

– La soledad: Es posible que realmente no tengas cerca a la gente con quien te gustaría pasar estos días. Los estudios demuestran que la soledad cuando es elegida voluntariamente resulta gratificante mientras que si es obligada tiene consecuencias negativas sobre nuestra salud emocional y física. Estos efectos pueden verse incrementados estos días dada la cantidad de mensajes emotivos que se nos recuerdan que debemos vivirlos junto a nuestros seres queridos. Así, la tristeza en Navidad estaría servida en bandeja.

Tener que pasar estos días en soledad no tiene por que ser necesariamente triste

– Echar de menos a personas que ya no están: relacionado con la causa anterior, haber perdido a un ser querido o una ruptura de pareja que no deseabas puede llevar a sentir una soledad muy intensa aunque estés rodeado de personas.

Entonces, ¿Qué puedo hacer si la tristeza en Navidad me embarga?

  1. Cuenta a tus familiares y amigos como te sientes. Si conocen el modo en que te afecta la Navidad seguramente harán lo posible para que te sea algo más llevadera. Pero eso sí, que tu tristeza en Navidad no sea el único tema de conversación con ellos. Una vez que les hayas informado, disfruta del presente y de otras charlas enriquecedoras que alienten tus inquietudes.
Explica tu situación a las personas de tu confianza, pero después trata de disfrutar de su compañia
  1. Recuerda que aunque no lo parezca, no tienes por qué seguir un patrón preestablecido de celebración, puedes adaptar en la medida de lo posible la Navidad a ti en vez de tener que hacerlo tú a ella.
  1. No te crees expectativas poco realistas antes de que comiencen las fiestas. Pensar que van a ser los mejores días del año o la mejor Navidad de tu vida puede llevarte un a nivel de frustración que es preferible que evites.
  1. Si va a reunirte con otras personas, simplemente busca disfrutar de la compañía de quienes te hacen sentir bien. El resto es accesorio.
  1. No te esfuerces en destacar por crear una Navidad inolvidable para ti y tu entorno. Piensa en estos días como la posibilidad de hacer algo un poco más especial, pero no busques la perfección que nos muestran los medios de comunicación.
No busques que todo esté perfecto
  1. Enfócate en lo positivo que pueden tener estas fiestas. La gente se ayuda más, tu negocio puede ir mejor, reponen películas que te gustan o no vas a pasar calor si sales a correr… de modo directo o indirecto la Navidad puede resultarte útil.
  1. Si ves que es factible aprovechar la Navidad para llevar a cabo esa reconciliación que te gustaría tener con alguien, puedes intentarlo. Es probable que la otra persona se encuentre más receptiva en estas fechas. Pero una advertencia: no olvides que de igual forma que tú tienes el derecho a intentarlo, la otra persona lo tiene a negarse a reanudar la relación. Si ves que la cosa no empieza a funcionar, no te obsesiones con el tema y pasa página. ¿De acuerdo?
  1. En el caso de que sientas nostalgia por los que ya no están, la doctora Mary Ann Martínez nos propone la técnica llamada “Ritual del homenaje” para mitigar la tristeza en Navidad por este motivo: elige un momento en que puedas estar en calma y soledad y dedícate a recordar a esa persona, ver fotos u objetos y evocar los buenos momentos que viviste con ella. Una vez hecho esto, guarda todos los recuerdos y céntrate con firmeza en el presente.
  1. Si puedes, evita los conflictos familiares. Vivirlos o su recuerdo producen gran parte de los sentimientos de tristeza en Navidad. Si en una reunión aparecen opiniones o ideas con las que no estás de acuerdo, antes de contestar piensa que beneficios reales te va a reportar comenzar una discusión. Se trata de calcular los costes y beneficios de una posible intervención teniendo en cuenta que la emotividad del encuentro y la posible presencia de alcohol son variables que pueden jugar en tu contra.
  1. Ayuda a los demás. Hemos dicho que son fechas más proclives a ayudarnos los unos a los otros. Puedes hacer feliz a otras personas al tiempo que te sirve para sentirte mejor. Hacer acciones de voluntariado te hará percibir que estos días tienen un sentido y una utilidad real, que pueden merecer la pena. Además sentirás la satisfacción de saber que estás haciendo la vida de otras personas un poquito mejor y tendrás la oportunidad de aprender de ellas.
  1. Rompe las normas. Puedes utilizar estas fechas para hacer ese viaje que tanto deseas, iniciar tu programa deportivo (si estás pensando en ir al gimnasio… ¿por qué esperar a Enero?), o hacer esa actividad que tienes ganas de realizar pero no terminas de atreverte. No tienes por qué repetir obligatoriamente el ciclo anual de tradiciones navideñas si puedes hacer otras cosas que te llenen más interiormente durante estos días.
¿Quién dice que no puedes irte de excursión con los colegas en Navidad?
  1. Anticípate. Si ya te empiezas a notar algo bajo de ánimos o sabes que la tristeza en Navidad es algo que te sucede todos los años, te aconsejo consultar a un profesional antes de que lleguen los días clave. ¡Los psicólogos también trabajamos en Diciembre por mucho frío que haga!
  1. Piensa que aunque parezca que en Navidad todo el mundo tiene que estar feliz por obligación, tú tienes derecho a sentir tristeza de igual modo que otra persona a sentirse feliz, preocupada o expectante. Si te sientes mal, no le unas la frustración o el sentimiento de culpabilidad por estar experimentando la emoción “incorrecta”.
  1. Mira a un futuro no muy lejano. La Navidad tiene los días contados (nunca mejor dicho) y después la vida sigue. Ve planificando ya qué vas a hacer después y comienza a abonar la tierra donde echarán raíces tus proyectos del próximo año.
La Navidad tiene una duración limitada, ¿qué vas a hacer después?
  1. No te dejes llevar por el consumismo para mitigar la tristeza. A veces tener un detalle con uno mismo es positivo, pero la felicidad que producen las compras masivas es efímera y con la emoción del momento es posible que no te des cuenta de que estás afectando demasiado negativamente a tu presupuesto para los días venideros.
  1. Crea tus propias tradiciones de Navidad. Si tu creatividad te lo pide, ¿por qué no le vas a hacer caso? Comienza nuevas costumbres que se adapten a tu situación y disfrútalas. ¡Tal vez crees una tradición que perdure por generaciones!
  1. Mantente activo. El sofá calentito está muy bien cuando hace frío, no te lo voy a negar. Pero no como refugio navideño. Pasea, haz deporte, juega, planifica proyectos, apúntate a ese taller que te llama la atención (te vuelvo a repetir que no es necesario esperar a Enero), estudia o investiga algo que te guste o entrevista a alguien que pueda aportar cosas positivas a la comunidad (¡uy, se me ha colado un spoiler!).
  1. Mantén tu rutina de sueño y si no la tienes inicia una que sea lo más saludable posible. Puedes hacer excepciones en algunos días pero por norma general si la mantienes vivirás la Navidad con mejor ánimo y más energía.
  1. Tómate un momento a diario para pensar en las cosas buenas que hay en tu vida por las que dar las gracias y hazlo. Te sentirás mejor y te facilitará encontrar un motivo para seguir adelante independientemente de la Navidad.
  1. En caso de que la distancia te lleve a tener más soledad de la que deseas, aprovéchate de la tecnología: las aplicaciones de mensajería instantánea, el uso de Skype, una nota de voz o un sencillo mail pueden hacerte sentir más cerca de tus seres queridos.
Utiliza la tecnología para sentirte más cerca de las personas que echas de menos

Espero que estos consejos te ayuden a vivir una Navidad mejor de lo que esperas. No son mágicos y requieren que pongas un poco de esfuerzo por tu parte, pero es un esfuerzo que merece la pena ya que poder tomar el control de nuestra felicidad cuando el entorno se presenta adverso resulta doblemente gratificante.

Si crees que podemos aumentar esta lista, estaré encantado de que me dejes en los comentarios tus propias estrategias para eludir la tristeza en Navidad y pasarla de la manera más feliz posible.

Y ya me despido hasta el próximo post, no sin antes desearte la mejor y más plena Navidad posible pese a que las circunstancias puedan no ser las ideales, donde tus mejores proyectos comiencen ya a fraguarse, te lleven por la senda del crecimiento, el bienestar interior y te alejen del sufrimiento lo máximo posible.

Un abrazo muy fuerte.